No.3
DIRECCIÓN Jorge A. Fernández / REDACCIÓN Yesel Melo / TRADUCCIÓN Olimpia Sigarroa / DISEÑO Jorge A. Rebull
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María Magdalena Campos – Pons
Abel Carmenate -
JOURNEY (THE MESSENGER)
María Magdalena Campos – Pons
Abel Carmenate
Entrevista a la artista plástica cubana María Magdalena Campos – Pons, a propósito de su exposición 1478 MB, recién inaugurada en la Casa de las Américas como parte del Premio Casa de las Américas 2012.
La misma tarde en que María Magdalena Campos – Pons expone por primera vez en Cuba, luego de 23 años, el Museo de Bellas Artes de Boston la premia por haber permanecido tanto tiempo como docente en sus predios. Y ella está hoy en la Casa de las Américas, deseosa de remendar telas rotas con sus costuras desafiantes, precisas, justo como percibe en el ánimo de muchos otros artistas de su generación. Como ellos, Magdalena fue pionera en Cuba, transitó por los distintos niveles de la enseñanza del arte y engrosó la diáspora cubana en los Estados Unidos; pero aun a sus 52 años, sería difícil ubicarla en una sola geografía.
Su hijo ha nacido en Boston y ella, nieta de una famosa orisha de Colón, se obsesiona hoy con pintar porcelanas chinas con rostros de sus antepasados africanos. A la Galería Latinoamericana de la Casa ha traído una idea de lo que le ha venido interesando en las
últimas dos décadas, cuando casi le hemos perdido el rastro. Con materiales y elementos que ha encontrado en La Habana, preparó 1478 MB: las millas que separan a Matanzas de Boston. Magdalena anda con la Isla/queloide a cuestas y la cultura se le antoja el cordón umbilical.
Usted nació en 1959. Junto con su propia experiencia vital, su experiencia creativa marchó a la par que esos años de fundaciones, búsquedas y tropiezos. ¿Cómo percibe esa convergencia, al cabo de más de medio siglo?
— Empecé a estudiar arte desde muy jovencita. Tuve el privilegio de participar en un proceso educativo que además constituyó una escuela experimental, en un pequeñísimo pueblo matancero llamado Manguito. Mi escuela se llamaba Nelson Sánchez y tenía una profesora extraordinaria, cuyo nombre no he podido olvidar: Carmen Lidia Escobar Menéndez. Ella nos enseñó todo. Era una escuela realmente experimental donde convergían la danza, las artes visuales. Allí aprendí hasta maneras de sostener la economía del hogar: diseñé mi primer sobre de cartas en aquellas clases y hasta me ensañaron a bordar, lo cual he usado mucho en mi trabajo.
Más adelante estudié música, y luego, artes visuales. Tenía unos 12 o 13 años. Desde muy joven estudié arte y nunca me he arrepentido. El proceso de la Escuela Provincial de Artes en Matanzas fue intenso, bello. Como saben, eran escuelas donde todas las especialidades estaban reunidas. Siempre se respiraba un aire interdisciplinario y creativo. Ha sido muy valioso en el transcurso de mi carrera, porque me ensañó a colaborar y a mirar más allá de los límites de un lenguaje, abrir puertas a otras ideas.
En mis más de 20 años de vida en los Estados Unidos, junto a mi carrera como artista me he desempeñado como profesora. Siempre digo que mi enseñanza en Cuba fue muy rigurosa. Se le pedía al estudiante que aprendiera y estudiara. Nunca leí una sinopsis de Chéjov, yo leí a Chéjov; no leí sinopsis de Carpentier, leí a Carpentier. Había un rigor académico en mi tiempo y un fervor creativo que he agradecido de por vida.
¿Cuándo pasaron a ser su experiencia y su propio cuerpo los centros de sus indagaciones artísticas?
— Hice teatro cuando era joven, performances. Estando en la ENA y en el ISA, además del tiempo que permanecí en un intercambio con estudiantes de arte en Massachusetts, descubrí que existían elementos que quedaban un tanto al margen de nuestra formación artística
en Cuba: arte de los medios tecnológicos, fotografía, filmes, performances. Comencé entonces a hacer estudios de este tipo en Estados Unidos porque me interesaba como experiencia artística, pero me interesaba también que el arte del performance estaba muy vinculado a las raíces vernáculas, a las raíces folclóricas de Cuba. Cada bembé es un performance que no se construye como se construye el teatro, sino que viene con las reglas de pueblo, espontáneas, enriquecidas con el devenir del tiempo. Veía una instalación artística y me daba cuenta que también lo es un altar: hecha sin los cánones o códigos del arte, pero es una instalación. De modo que mientras más estudiaba aquellas tendencias, más me repetía: un momento, yo he visto esto antes…
Aunque hice mi carrera como pintora, especialmente en Cuba, no tenía otro camino que terminar haciendo performances, porque crecí con ellos. Luego me interesó desde el punto de vista del rol de la mujer en el contexto del arte, cómo incorporar todas estas ideas y medios de lenguaje de la vida cotidiana en el discurso creativo.
Todas mis exposiciones tienen mucho de rituales, de ahí que mi cuerpo también forme parte de la experiencia. Me interesa el rito cotidiano, las cosas simples: cómo pones un vaso sobre una mesa, cómo miras desde la ventana el horizonte o su ausencia, cómo las personas se relacionan cada día, cómo hay elementos de delicadeza y magia en la intimidad, en la proximidad.
Todo eso que uno toma como regalo de cada día, es precioso, único, irrepetible. Con todos esos gestos pequeños, trato de conformar una propuesta que los haga trascender; pero al mismo tiempo, que se convierta en alerta crítica.
Hay muchas líneas en mi obra, hilos que yo llamo “horizontales”. Me interesan porque tratode que mi trabajo también recupere la memoria. No porque esté interesada en el pasado, sino porque sin entenderlo no se resuelve el presente y tampoco se avanza hacia el futuro.
Esa línea entre los dos tiempos trato de trazarla con materiales y formas siempre diversos. En su decodificación están todas las posibilidades, respuestas, cuestionamientos, soluciones, todo a lo que aspiro».
Pertenecer de alguna manera a la diáspora cubana de los 80, una generación escindida, cuyos artistas residen mayormente fuera de Cuba, ¿cuántas perspectivas ha incorporado en la obra que has hecho luego de 1989, y cómo has conciliado esa condición con otras:
mujer, latina, afrodescendiente?
— La generación de los 80 tuvo mucha energía y, al mismo tiempo, gran integridad artística. Aprender a pensar con rigor, pidiéndonos cada vez más, son experiencias que provienen deesa confluencia y con las cuales he vivido desde entonces. Ha sido un código que compartimos. Fue una generación que miró mucho al exterior, pero que usó lo que vio para entender lo nuestro.
Como parte de esa generación conocí a una importante escritora y crítica norteamericana, en la Bienal de La Habana en 1984. Ella escribió después un libro que a mí me influenció mucho, que se llama El encanto de lo local. Así, en mi obra convergen también esa proximidad y esa distancia. Se mezclan con todas esas condiciones de la latinidad, el ser mujer… He tratado de entrelazarlos y de pulsarlos. Es un proceso interesante, porque cuando estoy en los Estados Unidos, no soy considerada afroamericana, sino afrocaribeña cualquier otro tipo de denominación similar. Se establecen estas tensiones que enriquecen y que te plantean siempre oportunidades para nuevos cuestionamientos. He mantenido un diálogo productivo con artistas latinos y afroamericanos, que al final compartimos un mismo lenguaje: el del arte, que no es más que una “metalengua” que nos deja entendernos más allá de nuestras procedencias, siempre que estemos conectados con nuestro tiempo.
Mi discurso es artístico, netamente: poesía visual. Pienso que en el centro de ella se resuelven todos los problemas. Cuando los políticos se fajan, los artistas se sientan y conversan. Y cuando eso sucede, se rompen barreras y se abren diálogos. Participar de ese diálogo y hacer que otros lo hagan, es lo más importante.
Artista con un discurso transgresor, también estuvo durante un corto periodo vinculada a la institucionalidad en Cuba. ¿Qué posibilidades percibió en la propuesta y qué le aportó ese periodo?
— Hace diez años, a la par de mi carrera profesional, abrí una galería en Boston que se llama GASP. He exhibido allí las obras de artistas famosos y desconocidos, para que todos tengan un lugar de diálogo y dinamismo cultural. Siempre me ha atraído organizar la cultura.
Estando en Cuba, cuando me propusieron trabajar en el Consejo de las Artes Visuales, creo que en el año 87, acepté por muchas razones. Muy pocas artistas negras han pasado a conformar la historia de la cultura cubana. Crecí sabiendo claramente que detrás de mí no había mucha gente que tuviese conexión con quien yo era. Pensaba que mi voz y mis ideas, que no eran ni son tontas, según pienso, podían ser escuchadas en el contexto de la cultura cubana y debían tener en él un espacio. No creo que se hayan resuelto entonces todos los problemas: los conflictos de raza en Cuba no se habían resuelto en el año 87 y no están resueltos en el 2012, de modo que creí que si tenía oportunidad de contribuir, debía hacerlo. Y se escuchó. En el poquísimo tiempo que estuve, pude hacer cosas.
Traducido al discurso artístico, en los 80 su obra contenía a la par elementos relacionados con la emancipación femenina y la discriminación racial, dos discursos que habían quedado desfasados entre sí a partir de las reivindicaciones sociales que había traído la
Revolución. De ahí que muchos la calificaran en ese momento como una rara avis en el panorama artístico cubano…
— No sé cuál especie dentro del aviario cubano seré, pero creo que nunca he sido un ave común. Tengo 52 años y pienso que uno vive una vez. Me enorgullecen las cosas que he hecho y he pagado el precio por lo que he creído. Hablé de relaciones raciales cuando nadie lo hacía porque participé de eso. ¿Dije que había racismo en Cuba?: sí y no. Yo pude estudiar una carrera y mi madre nunca pudo ser maestra como quería, porque había mucho más racismo antes; pero vi racismo cuando estudié mi carrera. Lo que aprendí en todos estos años es a hacer cosas, no a quejarme. Cuando pensé que en Boston había determinada carencia, abrí una galería.
¿Cuánto hay de estas indagaciones en la exposición que ha preparado para exhibir en la Casa: su primera muestra personal en Cuba desde 1989?
― Las obras que concebí para esta exposición en Casa de las Américas, especialmente 1478 MB, son una muestra de estos elementos. He buscado las maneras en que la cotidianidad y el paisaje urbano se unan para proponer un espacio de instalación, de diálogo, en la Galería. Es una propuesta muy especial: no traje los materiales y los elementos de Estados Unidos; los encontré aquí, en la calle. Toda la exposición ha sido construida en Cuba. Me siento muy orgullosa de haber regresado a exponer y espero volver para la Bienal.
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ESFERAS
Joaquín Sánchez -
ESFERAS
Joaquín Sánchez
A lo largo de las diversas ediciones de la Bienal de La Habana, Paraguay ha sido uno de los países latinoamericanos de reiterada participación. Si bien su presencia no ha alcanzado la magnitud de otras potencias artísticas como son Brasil, Argentina o México; lo cierto es que en las últimas décadas se han incrementado de forma notable, en cantidad y calidad, las propuestas que en este evento representan a la cultura Guaraní.
Para este onceno encuentro, que se desarrollará de mayo a junio del presente año bajo el axioma Prácticas artísticas e imaginarios sociales, la representación paraguaya cuenta con el artista visual contemporáneo Joaquín Sánchez. Su trayectoria ha estado marcada, desde el inicio de su carrera, por repetidos éxitos en el panorama cultural, tanto nacional como internacional, obteniendo numerosos premios y menciones en cada uno de los países donde ha presentado sus muestras.
Nacido en la ciudad Eusebio Ayala, este creador tuvo desde joven la posibilidad de recorrer numerosos territorios, entre los que se encuentran Buenos Aires, París y México D.F. “De esta manera – como afirmara la crítica de arte y curadora Cecilia Bayá Botti – puede entenderse la diversidad de referencias y motivaciones que caracterizan a su intenso trabajo (…)”.1 No obstante, más allá de las múltiples influencias que pudo haber recibido en todos estos viajes y de que su actual lugar de residencia se encuentre en Bolivia, el contacto con su natal Paraguay ha sido una constante a lo largo de su producción artística. El trabajo artesanal, coexistiendo de forma equilibrada con la tecnología, demuestra precisamente este interés por rescatar prácticas artísticas autóctonas. Será precisamente de esta fusión que parten sus propuestas más recientes, como bien lo confirma el propio artista al expresar “(…) me gusta el encuentro entre la tecnología y la artesanía”.2
En esta línea se inserta el proyecto que Joaquín Sánchez prepara para la Oncena Edición de la Bienal de La Habana. Bajo el nombre de Esferas el artista presenta una instalación escultórica de pelotas de fútbol recogidas e intervenidas con espejos. Estos peculiares objetos artísticos, al menos unos 100 de ellos, serán recogidos de todos los rincones del país; siendo más interesante el hecho de que se trate de pelotas viejas, degastadas por el tiempo y el juego, portadoras en sí mismas de la historia de las diferentes comunidades de las que proceden.
Antes de ocupar su espacio definitivo, el artista pretende que artesanos paraguayos restauren las pelotas con fragmentos de espejos, que no solo propician un diálogo con el entorno circundante; sino que buscan el encuentro con diferentes espectadores y, por tanto, también con diferentes culturas y otras experiencias. También, y aunque no visibles, según nos explica Joaquín Sánchez en su proyecto, la presencia de los artesanos se deja sentir en estas esferas, en tanto ellos fueron parte importante del proceso de restauración y concreción de la idea del artífice.
Otro aspecto interesante dentro de su propuesta lo constituye la elección del objeto, que definitivamente no pareciera fortuita, pues para el artífice paraguayo cada objeto, cada imagen está cargada de sentido. El fútbol es tal vez uno de los deportes más practicados en
Paraguay y en el resto del mundo, por lo que estas pelotas pudieran operar como lenguaje común y de fácil lectura para los más disímiles receptores. Joaquín Sánchez logra transformar, a la manera “duchampiana”, una práctica social en sí misma en una verdadera expresión artística, que estará determinada en la medida en la que el creador sea capaz de subvertir la condición del objeto y otorgarle valores estéticos. Nos referimos, entonces, a una instalación cargada de metáforas, espiritualidad, que va mucho más allá de la simpleza creativa que pudiera aparentar.
Esferas viene a resumir en el espacio cubano la dinámica de trabajo de Joaquín Sánchez, marcada por la rigurosidad y el cuidado de cada mínimo detalle, así como por la integración durante el proceso creativo de diferentes expertos, en este caso artesanos guaraníes.
No hablamos del tipo de artista que busca retomar “los imaginarios que conforman una tradición”,3 sino de aquel que, nutriéndose de las ganancias de la era postmoderna, está intentando crear un nuevo sentido discursivo “que implica o compromete, en una más compleja
escala, al ciudadano y al espectador”.4 Entonces, para Joaquín Sánchez, las Esferas reflejan otra perspectiva de la relación arte-vida para el hombre contemporáneo y a la vez son portadoras de la historia y las experiencias del sujeto. Esperemos que el espectador cubano sea capaz de depositar en ellas su imagen y sentirse identificado con sus reflejos.
1 Payá Botti, Cecilia. Joaquín Sánchez artista de la Bienal de Curitiba, en http://arte.elpais.com.uy/. (Consultado martes 31 de enero de 2012).
2 Noé Ritter, Sergio A. Arte innovador de Joaquín Sánchez llega al Salazar, en http://www.ultimahora.com /contenidos/ arte_y_espectaculos.html. (Consultado martes 31 de enero de 2012).
3 Oncena Bienal de La Habana. “Prácticas Artísticas e Imaginarios Sociales”, Plataforma Conceptual del evento.
4 Ibíd.
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SOSPECHOSOS
Cuco Suárez / Foto: José Ferrero -
SOSPECHOSOS
Cuco Suárez / Foto: José Ferrero
Esta Oncena edición de la Bienal de La Habana que tiene como tema Prácticas artísticas e imaginarios sociales, mostrará interesantes proyectos colectivos e individuales de creadores de diferentes países. Del llamado viejo continente contaremos con la presencia del español Cuco Suárez, quien cursó estudios de cerámica en la Escuela de Artes Aplicadas de Salamanca. En 1988 realiza su primera exposición individual en la Escuela de Artes aplicadas de Oviedo, así como en otros lugares provinciales, nacionales y del extranjero. Se conoce su participación en importantes eventos culturales de renombre como es el caso de la Bienal de Arte que se celebró en la ciudad de Oviedo en 1992, así como su destacado trabajo en la elaboración de murales, resaltando los que hoy conserva la estación de Renfe – Feve en Gijón.
Cuco ha mostrado gran interés por hermanar el arte y la vida, defendiendo la idea de que existe una unidad indisoluble entre ambos. Para él la praxis artística no puede acomodarse, pues tiene una misión que cumplir. Entre las temáticas más recurrentes que han sido abordadas en sus creaciones, desde la tecnología, cabe resaltar la relacionada con nuestros orígenes, con el inicio del pensamiento occidental, la ganadería y el poder.
Ha participado en una variedad de exposiciones que versan sobre algunos de los aspectos mencionados anteriormente. Así lo evidencian Misterio y Evolución, dos obras presentadas en el 2002, en las que combina una futurista visión de la ganadería tradicional y la tecnología multimedia, y se plantean conceptos universales que responden a la visión del mundo del autor y a la manera en la que ha contemplado su vida desde la infancia.
En la primera nos propone una reflexión compleja sobre los cuatro elementos de la naturaleza – tierra, fuego, agua y aire –, con alegorías que aluden desde la herencia clásica, la historia del arte en general, hasta los momentos actuales, y sus propios sucesos. En la otra nos sugiere de un modo mucho más claro esa diferenciación que el propio hombre ha establecido y en la cual está inmerso, o sea, hace referencia a la dicotomía campo – ciudad y retraso – progreso.
Este artista exterioriza las principales problemáticas por las que transita la contemporaneidad y la sociedad en la que vive, que él tilda de enfermiza y viciada. Ha reflejado la realidad circundante de la manera más aguda posible, denunciando el consumismo, la extorsión
de los bancos y la crisis moral y económica. Todo ello puede apreciarse en sus instalaciones, en las que ha empleado diferentes formatos y soportes. También ha realizado performances, en los cuales trabaja con la radicalidad de la experiencia corporal para hablar de la marginalidad y la explotación del ser humano. En los últimos tiempos su quehacer artístico ha estado orientado en demostrar que en nuestros días el hombre se ha hecho dependiente de la tecnología.
Uno de los proyectos que ha desarrollado y que de cierta manera hace referencia a las implicaciones del poder y a sus lamentables situaciones para la humanidad es Hamlet. A través de este se invita al público a cuestionarse sobre la vulnerabilidad de la vida, el modo, tiempo y razón de la muerte.
Ha decidido traer a la capital con motivo de tan importante evento cultural la instalación Sospechosos, que ha recorrido muchísimos países. Consiste en un arco de seguridad, por el que transitarán las personas que se encuentren en la muestra, y al hacerlo se detectará su presencia con una sirena de ruido y una advertencia que se escucha en varios idiomas, y dice lo siguiente: “Sabemos quién es, le tenemos controlado”.
Con dicha pieza Cuco Suárez pretende adentrarse en un mundo de dramas, de miedos, pues como él plantea, tras el derrumbe de las torres gemelas, se ha incrementado la seguridad en todos aquellos lugares que el hombre frecuenta y que así lo requieren. En cada uno de ellos este se ha convertido en un ser del cual debe dudarse. De ahí que en el espacio donde se exhiba dicha instalación su autor espera que se produzca un total desconcierto y los individuos presentes no solo comiencen a sospechar unos de otros, sino que cada quien sospechará de sí mismo. Ante tal nivel de presión se genera la incomunicación entre los sujetos partícipes que solo intercambiarán acusadoras miradas.
De igual modo Sospechosos podría interpretarse como una denuncia a la pérdida de la privacidad de los individuos ya que al ser constantemente chequeados por máquinas y escáneres se ven obligados a mostrar las pertenencias que tienen guardadas, quedando anulada la demarcación entre lo íntimo y lo público. Todas estas son las posibles consecuencias que se derivan de ese control extremo al que somos sometidos actualmente, y es lo que ha querido poner de relieve su creador, pues como sabemos en el mundo actual nos encontramos en constante amenaza por las guerras, por el terrorismo y por muchos otros desastres que afectan nuestra psiquis.
La pieza que en términos formales destaca por su simplicidad, que ha hecho uso de la tecnología para hacer posible que tenga sonido y se alumbre al unísono, que nos recuerda incluso a las obras minimalistas, y que también ha sido pensada para provocar las impresiones
comentadas, puede decirse que funcionará como un pretexto para que el espectador interactúe con ella y según su reacción exponga variadas lecturas. Lo interesante de esta propuesta radica en su interés por revelar los comportamientos humanos y el papel del arte.
Con tales expectativas, se espera que usted sienta motivaciones suficientes para querer ser partícipe de esta exposición, en la cual se convertirá en el verdadero protagonista.
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AIR CLASSIC
Alejandra Prieto -
LÁGRIMAS NEGRAS
Alejandra Prieto
La futura Bienal de La Habana que se efectuará en mayo del 2012 será testigo de la presencia de variados, exitosos y magníficos artistas plásticos. El ámbito latinoamericano tendrá como siempre una de las mayores presencias de artistas, que vuelven y otros que vienen por primera vez. Los diferentes espacios de la ciudad se colmarán con las obras que estarán proyectadas para lugares públicos, al igual que las instituciones culturales. Performances, instalaciones e intervenciones, se convertirán en los protagonistas de este evento tan importante que culturalmente convierte a nuestra capital en sede principal dentro de la esfera nacional e internacional.
Una de las artistas que compartirá con nosotros su actividad creativa es la chilena Alejandra Prieto. Nacida en 1980 en Santiago de Chile, donde actualmente también trabaja, cursó sus estudios hasta convertirse en Licenciada y Máster en Artes Visuales. En el extranjero se ha destacado por sus exposiciones en países como Brasil, Estados Unidos y España. Recientemente fue ganadora de la Beca Arte CCU 2011, con la cual además de la residencia por cuatro meses en el Internacional Studio & Curatorial Program (ISCP) de Nueva York, contará con una muestra individual en Y Gallery. En esta galería hasta la fecha, solo habían expuesto dos artistas chilenas: Manuela Viera – Gallo y Johanna Unzueta, por lo cual es también un mérito para la creadora su participación y presencia.
Según Cecilia Jurado, miembro del jurado que otorgó este premio y directora del Y Gallery: “Las piezas de carbón de Alejandra Prieto tienen una excelente manufactura, conceptualmente son muy claras y potentes y tienen relevancia en los contextos donde han sido presentadas. El espejo, el iglú y el pañuelo Hermès, son sus obras más contundentes. Tienen un valor muy poético…” 1
Las piezas que presentará la artista en el marco de la Bienal destacan precisamente por el uso del carbón mineral, aunque sus instalaciones y otros proyectos interactúan con otros materiales orgánicos como: cobre, fierro y zinc. Sus experimentaciones formales se dirigen hacia la búsqueda de relaciones y asociaciones entre los objetos y los heterogéneos elementos que utiliza.
Uno de los proyectos que serán expuestos tiene como referente su exposición realizada en la Galería Die Ecke de Chile, 2011 titulada Lágrimas Negras. Constituida por dos piezas de carbón mineral: una lámpara de lágrimas y un espejo convexo, la obra establece relaciones del espectador con aquello que lo rodea en la vida cotidiana, ubicándolos en medio de reflexiones sobre la funcionalidad de los objetos y del arte en general.
Otra de las propuestas que mostrará es la escultura de cobre, hierro y carbón mineral sobre un soporte de acero y acrílico que constituye un par de zapatos Nike, producto de la sociedad de consumo. La crítica ha comentado que el objetivo de realizar este trabajo en carbón fue el de destacar que al igual que las minas de este material no son tocadas, los niños o jóvenes de muchos países no pueden adquirir calzados caros.
Presenta también una pequeña piedra del mismo material, cortada en varias caras para darle la forma de un diamante. Dispuesto sobre una superficie de metal redonda, elevado con un pequeño soporte para mantenerlo firme y rodeado de un vidrio en forma semicircular, lo que permite apreciarlo desde diversas perspectivas. La creación de esta obra está estrechamente vinculada a una experiencia de la propia Alejandra Prieto en La Habana, específicamente con la impresión que causó en ella el diamante que se encontraba debajo de la
cúpula del Capitolio. De esta manera pretende establecer relaciones entre ambos diamantes tanto desde el punto de vista de su espacio como de sus significaciones histórico – simbólicas y culturales.
Desde sus inicios Alejandra Prieto ha reflexionado en torno a diversas problemáticas de la sociedad contemporánea, sobretodo de los bienes de consumo, tanto desde sus circunstancias productivas como funcionales, abriendo un camino de significados entre la realidad y su apreciación. Todas las obras concebidas para proyectar en el contexto de la Bienal nos sugieren un amplio espectro de resultados e interpretaciones, esperando que el público se interese por esta manera de crear, a través de una investigación centrada en las potencialidades de diversos materiales y mediante la exploración de distintas plataformas de representación.
1 Alejandra Prieto gana Beca Arte CCU 2011 en http://www.ccu.com.(Consultada el 1 de febrero del 2012)
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