Por Lida L. Sigas y Liatna Rodríguez
Cuando uno se enfrenta a “Pascua Lama: a contemporary quest for El Dorado”, obra ubicada en uno de los recintos de la Fortaleza de La Cabaña , primeramente se sorprende ante la inusual presencia de este documental de una estética bien ortodoxa dentro del género. Es una obra que apela a la investigación, al levantamiento de datos, al acopio de información desde la entrevista a fuentes dispersas y comprometidas. La pieza fue realizada por dos artistas chilenas: Gloria Loyola-García y Carolina Loyola-García, quienes, desde manifestaciones y lugares de residencia disímiles, recurren para esta producción a las posibles bondades del trabajo en familia.
“Pascua Lama: a contemporary quest for El Dorado” es un caso de estudio que demuestra cómo la explotación irracional de los recursos afecta el ecosistema natural y cultural de las regiones. Amén de las disímiles y encontradas opiniones que pueda despertar su inserción en la muestra oficial de la Bienal , el cuestionamiento a la aplicación del modelo neoliberal en países tercermundistas que divisa el documental, hace que Integración y resistencia en la era global aparezca en la pieza casi como un subtítulo.
Son hermanas. ¿Cuán novedosa esta producción en conjunto?
G&C: Bastante, es primera vez que producimos en conjunto, siempre hemos trabajado por separado.
¿Acostumbran a trabajar con medios audiovisuales –cine, documental, cortometraje–, o se sienten más apegadas a la plástica?
Carolina: Yo soy más apegada a la plástica. Soy videoartista y mi práctica ha sido más bien relaciona con el videoarte, las instalaciones, el arte visual, pero siempre con una connotación crítica, de comentario social y político.
Gloria: Yo he trabajado el audiovisual por muchos años y ahora estoy enfocada hacia el documental. Mis preocupaciones son más diversas, con búsquedas más cercanas a lo artístico, a lo autoral.
Dentro de sus obras ¿“Pascua Lama: a contemporary quest for El Dorado” es una continuidad o la consideran una ruptura?
Carolina: Es diferente para las dos. Para mí es la primera vez que hago un documental de larga duración –una hora–, y por ello lleva una narrativa completamente diferente a lo que yo había hecho y que podían considerarse intentos de documentales, pero más pequeños, más apegados al videoarte y a la visión subjetiva de ciertos temas. Así que fue un quiebre. Ahora estoy trabajando en otro documental, por lo que lo considero una línea que se me abre y pienso seguir, pero no de manera exclusiva.
Gloria: Este documental coincide con el hecho de retomar mis estudios de cine y esta es la primera obra que hago. He trabajado con anterioridad para otros cineastas, pero esta es la primera de mi autoría y espero sean muchas más.
¿Cómo surge la idea?
G&C: El proyecto comenzó porque conocíamos algunas personas que vivían en el Valle de Huasco y ellos nos contaron en el verano del 2005 acerca de una compañía minera canadiense que se iba a instalar en la cordillera. De ahí nos surgió a las dos la inquietud, más o menos simultánea, de hacer un trabajo, una investigación. Fue un proceso largo, como de tres años de producción, y todavía hoy, cuando han pasado casi cuatro años, seguimos mostrándolo. De hecho, para esta Bienal hicimos una versión más corta, pues originalmente la pieza tiene una duración de 64 minutos y la recortamos a 45.
¿Cómo ustedes han interactuado con la obra y a dónde se proponen llegar?
Carolina: Cuando nos planteamos realizar este documental, las primeras cosas que nos cuestionamos era por qué se iba a emprender este proyecto minero (Pascua Lama), por qué esta comunidad de Alto del Carmen estaba tan en contra de él y cómo era el otro lado de la moneda. En este empezar a investigar y preguntar de qué se trataba surgieron un montón de preguntas que nosotras ni nadie podía contestar, como por ejemplo cuál es el beneficio económico para el país de este tipo de proyectos, que es uno de muchos además, no es el único.
En Chile la minería es la industria que da más recursos, y si en la época de Allende, tras la nacionalización del sector, el 100% de los ingresos obtenidos por la explotación iba al Estado, hoy día, de ese dinero, en Chile solo se queda un 30%, el restante está en manos de compañías extranjeras. Todo gracias a una cláusula instaurada durante la dictadura de Pinochet que permitía que empresas extranjeras tuvieran este tipo de trueque con el Estado. A medida que investigábamos, caímos en la cuenta de que el negocio no era para los chilenos, sino para las empresas extranjeras.
Gloria: Las fuerzas que mueven los capitales en el mundo no se ven, están ocultas. No sabemos por qué el gobierno de Chile permite que vengan empresas extranjeras y se lleven nuestras riquezas, no sabemos, no hay cómo averiguarlo, está oculto. Se sabe en teoría que es porque la política hace negocios, pero no hay una cabeza visible, está todo turbio.
Carolina: Para darte un ejemplo: este proyecto es binacional, chileno y argentino, porque está en la frontera. Es el primer proyecto binacional que se hace en Chile y lo complicado de esto es que hay que pagar impuestos en el lado argentino y en el lado chileno. ¿Cómo se negocia eso? No existía ninguna ley que lo permitiese. Fue entonces que en el año 1997 Frey, que era el presidente chileno por esa época, con Ménem, el argentino, tuvieron que firmar un acuerdo de comercio transnacional para que pudiera desarrollarse este proyecto de Pascua Lama. A ese nivel llega la implicación de la empresa canadiense; insistimos, es tan solo un ejemplo de las tantas cosas que se hacen. Fue percatarnos de cómo las empresas privadas están tan ligadas la política y la legislatura en el país.
Antes de llegar a esta Bienal de La Habana ¿“Pascua Lama: a contemporary quest for El Dorado” ha estado presente en otros espacios?
G&C: Hicimos un preestreno en la Bienal de México, en Interactiva. Eso fue en junio de 2007, cuando todavía no estaba terminada la película. Ahí hubo una primera discusión respecto al tema, y causó bastante interés. Después lo llevamos a la comunidad con la que trabajamos, ese mismo año.
¿Qué impacto tuvo en la comunidad de Alto del Carmen?
G&C: Fue bellísimo. Es un pueblo muy pequeño, bastante pobre, pero fue interesante cómo se veían, se reconocían, y al mismo tiempo se respondían muchas de sus preguntas. Son ellos quienes han desarrollado una lucha bien valiente y notoria en contra de este proyecto. La experiencia fue en un centro comunal de este pueblo de 5 mil personas, donde no hay cine ni hay nada, y los propios habitantes propiciaron la muestra. Ahí vimos concluido el documental y empezamos a mandarlo a festivales y Bienales, y no es que necesitáramos la aprobación de ellos, pero a nosotras como realizadoras nos interesaba ver que estábamos llevando una voz, una representación que era relativamente fiel a ellos; también por respeto, pues al final fueron ellos quienes nos facilitaron la investigación, nos abrieron sus casas, nos contaron sus historias. Lo considerábamos un compromiso.
Es un documental típico, y asiste a una Bienal de artes plásticas…
Gloria: La invitación nos sorprendió. Hay obras que son documentales o fragmentos de documentales y asisten a Bienales, siempre desde una mirada un poco más autoral, pero el nuestro es un documental que recoge información. Me sorprende que esté, estoy feliz.
Carolina: Por el tema de la Bienal es súper pertinente. Ello habla de la apertura de la Bienal a otras formas de representación, no solo al arte visual entendido como pintura o escultura, sino a otros medios como las artes visuales. Podría abrir toda una discusión sobre qué es y qué no es, cuáles son las “nuevas fronteras”, porque entre los nuevos medios se empiezan a borrar los límites y este es un ejemplo.
¿Qué opinión les merece la Bienal de La Habana como espacio de promoción, de proyección, para artistas que por lo general no pertenecen a los centros más importantes e influyentes del circuito artístico?
G&C: Es nuestra primera vez aquí en La Habana , y nos parece francamente increíble su realización. Es un evento fantástico, con una producción de primera calidad. Y como espacio alternativo de voces, particularmente de las que nos interesan, las latinoamericanas, es súper importante, porque son voces que no se escuchan, por ejemplo, en la Bienal de Venecia y otros eventos de puntería en el mundo.
Ese discurso, esa negociación de los espacios céntricos y periféricos, es fundamental, y por ello es importante que este tipo de eventos existan, porque son como laboratorios de experimentación y de conexión. Nuestras voces están dislocadas, disociadas y esparcidas por todas partes, y es difícil crear centros de pequeño poder como esta Bienal, o Interactiva en México, u otras que hay en Latinoamérica. Y una cosa importante que ocurre en La Habana es conocer a los que hacen lo mismo que tú y crean estas redes de trabajo que después se transforman en otros proyectos y en otras colaboraciones y en otras Bienales; eso es fundamental. Porque al final todo esto funciona por las redes de conexión.
Creemos importante dar a conocer la pieza. La estamos distribuyendo gratis, pues nos interesa que se sepa del caso y que se vea el trabajo. Pueden contactarnos y estaremos gustosas de ofrecer cualquier información. 1
1 www.carolinaloyolagarcia.net