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Visitó Cuba el artista francés Philippe Perrin, invitado a la Oncena Bienal de La Habana.

Para quien cada exposición es una pequeña muerte, y cada obra, un nuevo nacimiento,[1] el arte no puede ser otra cosa que un constante desafío. Y es precisamente ese el principio creativo de Philippe Perrin, sus piezas constituyen un reto al intelecto, en cuanto manipula las imágenes, subvierte los signos y altera los límites entre realidad y ficción. Ello se debe a que concibe al arte como una manera de provocación tanto a la sociedad, al propio arte y a sí mismo; y por lo tanto, el medio idóneo para emitir juicios visionarios. Su trayectoria creativa está marcada por un fino enlace entre pasado y presente, como en una especie de retroalimentación donde, sobre la base de aquel, el artista construye su nueva realidad. Nuestro pasado es nuestra historia, nuestra historia es nuestra cultura, nuestra cultura forma nuestras referencias y nuestras armas,[2] y viene a ser el arte, entonces, un arma de expresión para Philippe Perrin y la violencia, un código representativo. La violencia en sus diversas aristas, policial, social, deportiva, religiosa y personal, dándoles a todas un matiz particular y vinculándola a su marco de experiencia, puesto que cada obra es, en la mayoría de los casos, un autorretrato del artista.

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[1] Monterosso, Jean-Luc. Philippe Perrin, round two. En catálogo Philippe Perrin 1986-2010 a propósito de la exposición Haut et cout. Maison Européenne de la Photographie, 14 de abril-13 de junio de 2010. p-5. [2] Frase tomada de la entrevista que ofrece Philippe Perrin a Adelina von Furstenberg, en catálogo Philippe Perrin, round two. Op. Cit., p-12.

Por: Loliett Marrero Delachaux
Fecha: 05/01/2012
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