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Una obra de fundación

Uno de nuestros grandes científicos de Cuba es Don Fernando Ortiz Fernández, quien nació el 16 de julio de 1881 en la calle San Rafael 148, esquina Lucena en La Habana. Ortiz fue un hombre que nos mostró con su sabiduría cuáles eran las variables esenciales en nuestra condición de cubanos.

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Estribaciones visuales de un fabulador sureño: Vladimir Rodríguez Sánchez celebra sus 35 años de vida artística

En lo insondable de sus creaciones mora un bardo adepto a los mitos, al pasado notorio de la humanidad, admirado siempre con las capacidades del homo sapiens para reconstruirse luego del caos y aquella heredad que le ha permitido sobreexistir a través de los tiempos: el juicio. No es casual que le sedujese primero la arquitectura (del latín, “quien tiene el mando”), lo más próximo a la figura del demiurgo. No es fortuito que sus fábulas se construyan desde una relación afectuosa entre el actante hegemónico (vampiros, gigantes, chichiricúes, minotauros, güijes, homosabios, sirenas, unicornios, etc.) y los espacios infinitos, habitados por personajes ficticios y sometidos por el virus de la postmodernidad, que el texto instalacionista figure como un asidero de la conciencia, de los destinos del hombre en una era dopada por la globalización y el menoscabo de la identidad, en la que el poder (en todas sus variaciones) se expresa como motivo céntrico de las sociedades modernas.  

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Décimas para recordar, poetas para no olvidar

Existen obras artístico –literarias que forman parte inseparable de la memoria afectiva de los pueblos. Aplatanada en Cuba, Según Naborí y llegada allende los mares, Orta Ruíz, la retrata de cuerpo entero: Viajera peninsular/ como te has aplatanado/ qué sinsonte enamorado/ te dio cita en el palmar./Dejaste viña y pomar/soñando caña y café/ y tu alma española fue/ canción de arado y guataca/ cuando al vaivén de una hamaca/ te diste al Cucalambé…/. Esta décima vive en la memoria de miles de personas a lo largo y estrecho de nuestra Isla. Por su parte Luis Gómez, nuestro Luis, nos dejó, entre tantas, la décima la décima que sigue y que es también patrimonio de la oralidad del pueblo cubano: Sírveme un ron cantinero/ que me lo brinda un amigo/para un hombre sin abrigo/ sin amor y sin dinero/ Lléname el vaso que quiero/ sepultar una ilusión/ y no critiques mi acción/ que si la bebida mata/ más daño causa una ingrata/ que un siglo bebiendo ron/. Esta décima muestra la frustración del poeta por algún amor mal correspondido y busca en la bebida una salida de escape.

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