Cienfuegos, ¿victoria de los nombres o derrota de los números?

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Cienfuegos, ¿victoria de los nombres o derrota de los números?
Por: Francisco González Navarro
8 de noviembre del 2004 

La práctica de nombrar las calles resulta tan antigua como el surgimiento de las ciudades, pero en algunos aglomerados humanos muestra singularidades que incitan a la crónica. Tal es el caso de la ciudad cubana de Cienfuegos, 250 kilómetros al sudeste de La Habana, en la cual un cóctel de apellidos franceses y españoles, con el auxilio del santoral, identifica aún por vocación popular sus rectas vías urbanas.

Pero en los documentos oficiales, esa encomienda le corresponde a los números, en su aburrida dicotomía de nones y pares.

Cienfuegos nació francesa por voluntad de la propia corona española el 22 de abril de 1819 y tal deferencia política tuvo su recompensa por parte de los colonos galos, quienes la bautizaron como Fernandina de Jagua.

El nombre combinaba los blasones reales de Fernando VII (1784-1833), cabeza de la monarquía española de la época, y la toponimia aborigen que eligió mucho antes el apelativo de Jagua para llamar a su comarca de llanura, ríos, montañas y mar.

El asturiano don José Cienfuegos, gobernador general de la Isla de Cuba y promotor de la colonización blanca ante el miedo a una sublevación de esclavos, similar a la Revolución de Haití, le debe la ciudad el nombre que la identifica desde 1829.

Y como francés fue su origen, la huella de apellidos llegados de la Galia pervive en los apelativos de las calles de perfecto trazado que casi siempre nacen o mueren, según lo vea cada cual, en el mar apacible de la bahía de Jagua.

Por rango histórico, el más célebre resulta D'Clouet. Don Luis D'Clouet y Piettre, natural de Burdeos y teniente coronel de los Reales Ejércitos hispanos, fue el fundador de la villa, cuyos anales lo recuerdan como un ser polémico y de azarosa vida política, que tuvo como recompensa un título de Conde de Fernandina de Jagua en 1844.

 

 

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