El Palacio Ferrer: el más elegante balcón para ver Cienfuegos

El Palacio Ferrer: el más elegante balcón para ver Cienfuegos
Por: Ismary Barcia Leiva
16 de julio del 2008
 
Cuentan que huyó del tórrido junio de 1920 refugiándose en sus aireados aposentos. El afamado tenor italiano Enrico Caruso, cantaría esa noche en el cercano teatro Tomás Terry, pero antes descansaría su voz en la espaciosa sala de este Palacio cienfueguero. Había puesto en su construcción gran empeño y parte de sus abundantes dineros el acaudalado catalán radicado en Cienfuegos, José Ferrer Sires.
Apenas un año tomó su ejecución, bajo el proyecto del célebre arquitecto cienfueguero Pablo Donato Carbonell, autor de obras de gran refinamiento y símbolos del eclecticismo local como el Chalet de Valle, otras de majestuosa estructura como el cementerio “Tomás Acea”, réplica del Partenón.

Puso el avezado proyectista todo el aliento artístico del modernismo catalán en el palacete Ferrer, construido en dos niveles, la planta baja carente de ornamentos y alto puntal superior a los 6 metros, destinado a guarecer mercancías; uno superior cuyo derroche de ornamentación en mármoles, valiosa herrería y azulejos esmaltados, decorados de alta calidad artística y buen gusto dieran prestancia desde entonces a esa esquina del Parque Martí, centro fundacional y administrativo de la ciudad.
 
Sin embargo… no era fruto del excentricismo del influyente comerciante, se trataba sí, de una práctica que proliferó en esta época entre los ricos cubanos, tal parece que para dormir tranquilos sobre su riqueza o por aquel refrán tan difundido de “el ojo del amo engorda al caballo”.El palacio en cuestión, remata su azotea con un elegantísimo mirador en la esquina sureste, que permitía al mercader desde las alturas “dominar todas las operaciones” del cercano puerto y presenciar también “la entrada a la bahía de “alguna posibilidad de aumentar el contenido de sus copiosas arcas”. Nada, que “unir lo bello a lo útil” ha dado excelentes resultados…desde que el mundo es mundo.
 
Lo cierto es que fue una verdadera lástima que luego de poner toda su inspiración y empeño el proyectista para complacer el refinado gusto de la familia, los Ferrer, “ni cortos ni perezosos”, se marcharan a La Habana entonces muy próspera….y la mansión quedó desierta hasta pasar a manos de otra de las familias de mayor fortuna, Cacicedo que la vivieron hasta los años setenta del pasado siglo.En la planta baja, se estableció una droguería que luego de las nacionalizaciones del proceso revolucionario dio paso a un almacén de suministros médicos.
 
El piso superior fue Casa de la Cultura hasta que su marcado deterioro, obligó al cierre del famoso palacete, ahora sometido a un proceso de rescate y reconstrucción para convertirse en Palacio…pero de la cultura cienfueguera.Del divo italiano, les diré que sólo se alojó allí un día, y regresó presto a La Habana donde le esperaba una última función antes de recibir la jugosa suma de 90 mil pesos, cifra récord pagada entonces a un artista en el teatro cubano.
 
Lástima que el tenor no tuviera mucho tiempo para disfrutar de las bondades de la vida como las que ofrecía el lujoso Palacio cienfueguero, que se estrenaba en la arquitectura de la ciudad, pues luego de sus compromisos en Cuba, sólo actuaría una vez más en el Metropolitan, de New York, antes de retirarse para siempre de la escena a causa de una enfermedad que terminó con su vida en 1921.Desde entonces trasladó su fama a nuestro Palacio Ferrer que ya había ganado celebridad propia como ejemplo de la influencia del “catalanismo” en la arquitectura cubana y por supuesto, por su mirador con cúpula desde el que se puede disfrutar de la mejor vista de la ciudad y su entorno marino. 

 

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