Una cicatriz en la memoria

Ya no volveremos a toparle en el Parque Martí, con su andar parsimonioso, el bolsillo de la camisa henchido de plumas de colores, una pachanga o sombrero que le abriga del sol, los espejuelos permitiéndole mirar con perspicacia las realidades complejas y, por supuesto, aquella entresonrisa congeniando con su decir protocolar, exuberante, intentando hacer trascendente la rutina. Eduardo Bernabé Torres Martínez (Santa Clara, 1948) tomó un pasaje sin retorno, con la amarga sensación de que no siempre fue lo bastante escuchado y atendido, pese a que su obra signa una etapa de la caricatura en Cienfuegos (1982-2010), junto a Douglas Nelson y Manuel Villafaña. Cuesta creerlo, pero luego de una fatal caída regresó a casa de su hermana en Ranchuelo, a sus orígenes, y halló la paz sempiterna un domingo 13 de junio, resguardado por sus familiares y con la satisfacción de haber consumado no pocas quimeras.

Su llegada a Cienfuegos hacia la década de 1980 le permite asociarse a otros humoristas gráficos locales, a través del grupo David del humor y su afán de homenajear al más creativo y prolífero caricaturista de Cuba, Juan David Posada; laborar para el periódico 5 de septiembre, que puso sus obras ante los ojos de miles de lectores, y luego entregarse a la creación de la revista La Picúa, un reservorio para los cultores del género en la provincia. Igualmente, se mantiene como colaborador de publicaciones exitosas como MelaítoBohemia y Palante.

                                                                  En 2015, fotografiado por Tina Manley.

La obra de Zuki, su seudónimo en el arte, no puede calificarse por los cejos intelectuales (a diferencia de Villafaña, por caso). Su perfil se conforma por un sentido de lo popular, domeñado por el ingenio, gracejo, la picardía criolla (que se recrea en la sensualidad femenina, en la gravidez de las escenas erotizantes), el costumbrismo (toda vez que se apropia de la visión y los rumores que portan los ciudadanos de a pie sobre el diario), los recursos visuales de la escuela gráfica de Las Villas (de líneas sinuosas o circulares, de carácter deformativo), la ironía que reconforta a los que buscan la esencia de las cosas a través de la mordacidad, etc. A todas luces, fue admirado por la diversidad de temas a mano, como la violencia de género, el sexo en la tercera edad, las ilegalidades, la homofobia, corrupción, el bloqueo a Cuba, la urgencia de paz mundial, etc. Esta perspectiva creacional acaso le trae sinsabores en los salones de artes visuales, pues sentía que la caricatura era discriminada por la falta de temas y enunciados trascendentales, de credos vanguardistas.

En su quehacer destacan dos libros de caricaturas, el primero de ellos concebido en 2009, Humor a primera vista, en el cual subraya su vocación para las exploraciones eróticas, que en ocasiones son verdaderos manifiestos políticos invitando a la reflexión desde el entorno familiar, y Cuba ríe, lanzado en 2018 durante la XXVII Feria Internacional del Libro en Cienfuegos, donde aporta un alegato gráfico en contra de los enemigos de la isla.

Cuesta aceptarlo, pero Zuki se ha ido sin una despedida, si bien confortado por la idea de ser una cicatriz en la historia de las artes visuales cienfuegueras.
(Tomado de 5 de Septiembre)

 

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