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Décimas para recordar, poetas para no olvidar

Existen obras artístico –literarias que forman parte inseparable de la memoria afectiva de los pueblos. Aplatanada en Cuba, Según Naborí y llegada allende los mares, Orta Ruíz, la retrata de cuerpo entero: Viajera peninsular/ como te has aplatanado/ qué sinsonte enamorado/ te dio cita en el palmar./Dejaste viña y pomar/soñando caña y café/ y tu alma española fue/ canción de arado y guataca/ cuando al vaivén de una hamaca/ te diste al Cucalambé…/. Esta décima vive en la memoria de miles de personas a lo largo y estrecho de nuestra Isla. Por su parte Luis Gómez, nuestro Luis, nos dejó, entre tantas, la décima la décima que sigue y que es también patrimonio de la oralidad del pueblo cubano: Sírveme un ron cantinero/ que me lo brinda un amigo/para un hombre sin abrigo/ sin amor y sin dinero/ Lléname el vaso que quiero/ sepultar una ilusión/ y no critiques mi acción/ que si la bebida mata/ más daño causa una ingrata/ que un siglo bebiendo ron/. Esta décima muestra la frustración del poeta por algún amor mal correspondido y busca en la bebida una salida de escape.

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Los Naranjos, insignia de la música tradicional cubana

El son es un género de la música popular tradicional cubana que representa una identidad. Su desarrollo fue relativamente lento, y alcanzó su forma más completa y cercana a la actual a partir de las primeras décadas del siglo XX. La provincia de Cienfuegos es un área histórico-cultural que ha mantenido la constante práctica del son como género en su trayectoria musical, y cuenta con una de las más antiguas agrupaciones soneras del país: El Conjunto Tradicional de Sones Los Naranjos.

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Una cicatriz en la memoria

Ya no volveremos a toparle en el Parque Martí, con su andar parsimonioso, el bolsillo de la camisa henchido de plumas de colores, una pachanga o sombrero que le abriga del sol, los espejuelos permitiéndole mirar con perspicacia las realidades complejas y, por supuesto, aquella entresonrisa congeniando con su decir protocolar, exuberante, intentando hacer trascendente la rutina. Eduardo Bernabé Torres Martínez (Santa Clara, 1948) tomó un pasaje sin retorno, con la amarga sensación de que no siempre fue lo bastante escuchado y atendido, pese a que su obra signa una etapa de la caricatura en Cienfuegos (1982-2010), junto a Douglas Nelson y Manuel Villafaña. Cuesta creerlo, pero luego de una fatal caída regresó a casa de su hermana en Ranchuelo, a sus orígenes, y halló la paz sempiterna un domingo 13 de junio, resguardado por sus familiares y con la satisfacción de haber consumado no pocas quimeras.

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